| Una de las características salientes de los edificios de la ciudad de Buenos Aires, es el coronamiento en cúpulas, torres y mansardas. La cúpula era elegida como remate por su "fuerza expresiva"; convirtiéndose no sólo en un símbolo reconocible de la ciudad, sino también de de la suntuosidad de la burguesía argentina que detentaba el poder nacional. Elite que, en lo cultural, rechazaba las tradiciones localistas; por eso, no es curioso ver resaltar la influencia de la cultura europea en la arquitectura porteña en su conjunto. Ya que, si enumeramos los arquitectos que diseñaron los edificios de Buenos Aires entre los siglos XIX y XX, veremos que los hay de Holanda, Italia, Francia, Alemania, Bélgica, Escandinavia, España, Rusia, Inglaterra, Polonia, etc. Esto nos da un testimonio de lo importante que fue la influencia de la cultura europea en la vida cotidiana, y la variedad de nacionalidades que conviven y forjan la personalidad de la ciudad. En este marco de fines del siglo XIX y principios del XX, reaparecen las cúpulas con recursos constructivos distintos de sus predecesoras coloniales. Las estructuras de ladrillo y madera fueron reemplazadas por las de hierro y zinc. Con estos materiales se formaban cresterías y lucarnas, que terminaban las uniones de los techos de pizarra, mientras que el zinc laminado coronaba cúpulas y torres. Un ejemplo de gran concentración de cúpulas es la Avenida de Mayo. Lo cierto es que el conjunto urbano que remata en cúpula ya integra las normas colectivas y forman parte de la arquitectura de Buenos Aires, radicando su valor en la variedad. |
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